¿Qué desde cuándo este Blog se convirtió en espacio futbolero? Dirán los que están acostumbrados a leerlo; sin embargo, todos sabemos que en la mesa de la política, la religión e incluso el mismo fútbol, todos tenemos un espacio, y sobre todo, una opinión.

 Hoy, aquí, ni en ninguna parte cabe la frase de: “las opiniones están divididas”. ¡No señores! El que diga eso es porque sus intereses son muy grandes en la actual Selección Colombia. ¡A nadie le gustó ese equipo! Pero… ¿Dónde diablos está el problema, o dónde se esconde?

 Creo tener una razón, una de las tantas que podríamos encontrar…

¡S-E-N-T-I-D-O—D-E—P-E-R-T-E-N-E-N-C-I-A!

 Pero no sólo se le debe pedir a los jugadores, al cuerpo técnico, y a los dirigentes (de éstos últimos merecemos es respeto, ante tanto manejo corrupto de sus intereses personales). El sentido de pertenencia debe comenzar por nosotros: los aficionados, porque un el hincha que acompaña, incondicionalmente, a su equipo, juegue bien o juegue mal, está comprometiendo al jugador con un objetivo, lo está motivando constantemente y cuando llega el momento de los brindis, las copas y las mieles, esto no se compara con ningún premio económico frente a la victoria del jugador compartida con sus hinchas que los estuvieron acompañando sin importar cuántas o cuáles fueron las derrotas. Lo mismo, pero de distinta forma, ocurre en el fracaso: la vergüenza del jugador con sus seguidores está por encima del apoyo y las palabras de ánimo que le puedan dar, porque en el fútbol al igual que en cualquier deporte competitivo, nadie quiere ser segundo ni tercero.

 A hora bien, ¿los hemos acompañado? Sólo aquellos que lo han hecho tienen “derecho” a juzgar y tirar piedras, pero su desconsuelo es tanto que prefieren el silencio; sólo, los que no hemos acompañado, verdaderamente al equipo, somos los primeros pendencieros en exigir que rueden cabezas.

 imagen de futbolistaDebemos educarnos frente al fútbol y educar al jugador; mostrarle que creemos en él y en sus condiciones y que esas mismas condiciones tienen altibajos y son transitorias en su vida, porque nada hay más corto que una carrera deportiva, lamentablemente. Y que por eso, en su mejor momento, es vital la disciplina, la educación, acompañamiento y  apoyo, pero qué podemos esperar de un jugador con un 15% de condiciones, contra un 85% de oportunismo de un dirigente y un empresario llenando de promesas a cualquier jugador.

 Al jugador -creo-, lo debieran capacitar para que él mismo sepa negociar sus derechos, aunque ese es el punto donde el fútbol, pierde su encanto y su magia. Sin embargo, por auto-deseo de “negociarse” se compromete con sus equipos. Bien conocida es la frase de una de las profesiones más antiguas de la humanidad: lo que no se muestra, no se vende”.

 Suramérica, encabezada por Basil y Argentina, es un continente que se ha destacado por el fútbol; una tierra donde las condiciones y las oportunidades no son las mismas para todos y por eso el fútbol -incluso en el mismo Brasil-, es una de las oportunidades más acogidas por los jóvenes, para salir de la pobreza: condición que está ligada a la deserción escolar. ¿Qué mundo puede afrontar un joven sin educación frente a los buitres del esclavismo deportivo? (Los dirigentes).

 Aniquilemos esa opción de vida, ese plan “B” de vida de muchos jóvenes, y construyamos en el fútbol una verdadera idiosincrasia de nuestro continente, edifiquemos jugadores respetuosos, altruistas, honestos, donde el dinero -siendo muy importante en la vida de cualquier persona-, esté por debajo del honor y el orgullo de enfundarse la camiseta de su equipo.

Angel Diaz